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Una entrevista con humor

Pomar entrevista a Torán, Torán entrevista a Pomar y Eduardo Pérez entrevista a los dos

            El Torneo de Huesca de 1957, ganado por Pomar y Torán, fue cubierto por el Diario Nueva España, que también publico una entrevista a 3 bandas con los 3 maestros que participaron en dicha competición: Román Torán, Arturo Pomar y Eduardo Pérez. La idea fue original, aunque puso en un compromiso a los tres jugadores, los cuales no estaban acostumbrados a estar del lado del entrevistador. Todos ellos afrontaron la situación con humor y el resultado fue un ameno intercambio que nos muestra que detrás del ajedrecista, siempre serio y concentrado, hay una persona con una vida normal y las mismas preocupaciones que el resto de las personas.

           

Eduardo Pérez, Arturo Pomar y Román Torán

Tras exponerles la idea, éste fue el resultado:

- Esto es más difícil que jugar bien al ajedrez -objetó Arturo.

- Yo no preguntaré una sola cosa -exclamó Torán.

- Ah, pues yo -intervino Pérez- me limitaré a seguir vuestro camino.

- Jamás me habían hecho tal invitación - comenzó el campeón nacional (Pomar había ganado el Cto. de España unas semanas antes).

- ¿Qué hay que decir? -inquirió Torán-. Yo sólo sabré preguntarle por la familia. ¡Santo Dios! ¿Qué mal hemos cometido para liarnos de ese modo?

- No se preocupen ustedes, amigos. Hagamos una prueba.

- ¿Y si sale con barbas?

- ¡Es Pomar! (perdón, don Arturo).

Pomar recoge la alusión y explica:

- Casi no tengo tiempo de afeitarme.

- No lo crea -aclara Torán-. El pelo de la cabeza se le ha bajado a la barba. Y ese quiere conservarlo...

Los tres maestros están a reunidos en la mesa del hotel. Los tres se disponen a ir al cine. Torán le toma le pelo a Pomar. Pomar es capaz de dejarse hacer el harakiri, sin inmutarse. Pérez vigila a los dos. De vez en cuando suelta una de las suyas.

POMAR ENTREVISTA A TORÁN

- ¿Cuántas preguntas vas a hacerme?

- Cinco, Torán.

- ¿Cuáles son tus proyectos?

- Activar mi Academia y mis colaboraciones en prensa. Si me queda tiempo libre, dedicarlo al ajedrez.

- ¿A qué edad empezaste a jugar al ajedrez?

- A los 13.

- ¿Cómo te aficionaste?

- Viendo jugar a un niño prodigio en Gijón, en el año 34.

- No me llames niño prodigio.

. ¡Toma! ¿Acaso no lo has sido?

- Sí, pero ya pasó. ¿Cuántas me quedan? ¡Uy, que largo es esto! Ya no sé qué preguntarte.

- ¡Pues discurre! Cuando me toque el turno me las pagarás.

- ¿Qué deporte te gusta más?

- Ninguno. Quizá el tenis. También el billar, pero eres un tramposo...

- ¿De trampas habláis? -gritó Pérez-, ¿Quién a quién? ¡Qué pareja!

TORÁN ENTREVISTA A POMAR

. Ahora me toca a mí.

- ¡No te vengues!

- ¿Hay miedo? No debería de preocuparte. Eres todo un campeón...

- ¡Hala, hala! Menos guasa y a ver cómo te explicas.

- ¿Cuándo te casas?

- ¡Esa no vale!

- ¿Qué te dice la novia?

- Esa tampoco.

- A este paso no voy a terminar nunca.

- Es que si yo lo hubiera sabido...

- Bueno, ¿qué proyectos tienes?

- Seguir jugando en toda clase de torneos, incluso internacionales.

- ¿Qué opinas del amor?

- ¡Vete a paseo!

- Hace mucho frío. ¿Qué te has creído?

- Bien. Responderé.

- Conforme, pero no quiero parlamentos largos. ¿Recuerdas aquel día en Radio Valencia?

- ¡Chist, cállate! A este señor no se lo digas.

- ¿Si, eh? Estuviste hablando del amor durante dos horas. Aquella emisora no pudo conectar con Radio Nacional de España.

- Sigo. Yo defino el amor así: es una mezcla de platonismo...

- ¡Ya estamos perdidos! -tercia Pérez-.

- ...de platonismo inspirado...

- ¡Basta! ¿Por qué se te ocurrió jugar al ajedrez?

- Al ver a mi padre y a mi abuelo.

- ¿Y eso te inspiró afición?

- Si, claro.

. No me meto en asuntos de familia, pero...

- Ya has cubierto el cupo. 

- Espera, chico. ¿Por qué estás calvo? No me digas que por jugar al ajedrez, porque si esto fuera verdad, ahora mismo me retiraba de los tableros para siempre.

- No, del ajedrez, no. Mi padre y mi abuelo, fueron calvos.

- Ya, ya... ¿Quieres dejar a la familia?

Pérez, un poco impaciente, sugiere a Torán:

- ¿Por qué no le preguntas a Lladó?

- Eso, eso, ¿qué opinas de Lladó?

- Pues.. buen jugador, que tiene un estilo brillante, pero muy práctico.

- ¿Y como persona?

- Bien. ¡Ya vale!

PÉREZ PREGUNTA A POMAR Y TORÁN

- Dime, Pomar, ¿qué estilo tiene el jugo de Pomar?

- Su juego es sólido.

- ¿Y el tuyo, Pomar?

- Más espectacular.

- Pero con más riesgo -dice Torán.

- Si, estoy conforme. Tú -refiriéndose al campeón- eres espectacular, porque ejerce influencia en ti el público. ¿Me das la razón?

- Lo que quieras -responde Pomar sonriente.

LOS TRES RESPONDEN AL ENTREVISTADOR

- Señor Pérez: ¿Cuál de sus dos compañeros es mejor en el juego?

- No contesto.

- ¿Pero lo sabe?

- Mire usted. Ambos son de estilos distintos. Ya lo acaba de oir.

- Pomar es campeón.

- ¿Ah, si? El año que viene lo seré yo. (el año siguiente el campeón volvió a ser Pomar de forma contundente y Pérez fue 6º).

Arturo sigue sonriente, y Torán exclama:

- Así se habla, ¡chócala!

- ¿Quién vencerá en el torneo San Lorenzo? -pregunto a Pérez.

- Presagio un empate entre estos dos.

- ¡Estás en orsay, por decir eso! -le recrimina Torán.

- ¡Ya lo verás! -insiste Pérez.

- ¿Qué me dicen ustedes de Rey Ardid?

- ¡Otro orsay! -frase de Torán.

- ¿Por qué?

- Rey Ardid, que es todo un maestro, hace tiempo que no juega.

- Lo sé, pero leí, días atrás en un periódico de Zaragoza sobre su posible reaparición. Le alentaban. Se lo pedían. ¡Se lo exigían por Aragón! ¿Quieren decirme si, reapareciendo, sería campeón de España?

- ¡Hum! Depende de muchas circunstancias.

- ¿Por ejemplo?

- ¡No reaparecerá!

- ¿Por qué lo asegura, Torán?

- Rey Ardid tiene un prestigio que no puede arriesgarse a perder, porque para ponerse al día tendría que hacer un esfuerzo agotador, especialmente a su edad. Son más de 40 años. Ya es tarde. ¡Sigue tranquilo, Pomar! No te quitará el título nacional.

- ¡Eh, tú! -reclama Pérez. ¿No hemos quedado en que el campeón seré yo?

- Antes pasarás por encima de mi cadáver... -amenazó Torán.

Ante ese final, se me escapó:

- ¡Que ustedes descansen... en paz!

 

 

Un puzzle al que le faltan piezas

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