Mi querido amigo y discípulo: en contestación a tu carta retándome para disputarme el campeonato de ajedrez de la provincia de Murcia, tengo el gusto de manisfestarte los siguiente:
Desde el año 1921 en que conquisté en el torneo provincial el título de Campeón, he venido disfrutándolo tranquilamente, sin que nadie se haya atrevido a disputármelo, a pesar de que tenía y tiene muchos golosos. Esta es la mejor prueba de que no lo adquirí por recomendaciones, no obstante haberlo ganado en el antiguo régimen.
Es para mí una satisfacción muy grande que el único que se ha atrevido a desafiarme seas tú, mi dsicípulo predilecto, es decir yo mismo, puesto que todo lo que yo sabía de ajedrez te lo transmití a ti.
Comprendo tu justa aspiración y lejos de tacharte de ingrato -como harían los espíritus mezquinos- te aplaudo sinceramente y me felicito por haber sabido comunicarte mi entusiasmo por el culto juego del ajedrez.
Yo no puedo aceptar tu reto por dos razones:
Primera. Porque hace tres años que vivio apartado completamente del ajedrez y no me encuentro en condiciones de poder jugar en serio con nadie.
Segunda. Porque si aceptase el reto y defendiese el título, cualquiera que fuese el resultado del match, los ajedrecistas lo considerarían como un
camelo. Si yo triunfaba, dirían que me habías dejado ganar por consideración al Maestro; y si triunfabas tú, supondrían que
había sido una comedia para cederte un título que ya no me interesa conservar por haber perdido la ilusión que tuve por el ajedrez.
Así pues, creo lo más procedente cederte el título de campeón sin luchar, por considerar que tienes méritos acreditados para poder ostentarlo dignamente. Y si alguno creyese lo contrario que lo demuestre desafiándote.
Mi historia ajedrecística terminó ya. Otros problemas de más importancia ocupan mi actividad. Y ahora es cuando me interesa de veras que no me den mate...
Te felicita y te abraza tu buen amigo, Pedro Pinar, ex-campeón de ajedrez de la provincia de Murcia.
El título,
logrado sin mover ninguna pieza, duraría poco en manos de
Salvador Mollá, ya que renunciaría a él justo un año después
al ser nombrado presidente de la federación murciana
(recién fundada en el año 1927 y que englobaba las
regiones de Murcia y Albacete), lo que lógicamente era incompatible.
Salvador
Mollá y Crespo, el gran impulsor del ajedrez murciano

Salvador
Mollá y Crespo
En los años 20 el ajedrez cobró una gran
importancia en la región de Murcia, llegando a
tener gran relevancia a nivel nacional, lo cual
resulta sorprendente por la menor importancia de
la región comparada con otras como Valencia,
Galicia, Madrid o Cataluña. En 1922 la cabeza
visible del ajedrez murciano era Ángel Guirao
Girada, junto al mejor jugador de aquellos días
en Murcia: Pedro Pinar Multedo. Ese año en Murcia
se fundó el importante club Golmayo, del que fue
presidente Ángel Guirao y donde ya aparece
Salvador Mollá Crespo como tesorero. No eran
muchos los clubes existentes en España por aquel
entonces, lo habitual era la fundación de Peñas
en las que los aficionados al ajedrez se reunían
para jugar. El club Golmayo fue más allá,
teniendo unos estatutos claro, organizando torneos
sociales e incluso organizando el primer
campeonato regional de Murcia en 1922.
Salvador Mollá era una persona muy activa y en
1924 se puso al frente del Club Golmayo como
presidente, reformando profundamente los estatutos
del club en 1926, lo que le permitió organizar
distintos torneos entre los que destaca el
importante torneo nacional de Murcia de 1927
(durante las fiestas de Coronación de la Virgen
de Fuensanta), uno de los pocos que se disputó en
España en esa década.
Pero las ideas de Salvador Mollá eran otras, más
ambiciosas, no se conformaba sólo con un club que
gestionase el ajedrez de la ciudad, sabiendo que
era muy necesario organizar el ajedrez de la
región de una forma más constructiva y correcta.
De este modo, lideró el proyecto de la creación
de la Federación murciana de ajedrez (que
englobaba las provincias de Murcia y Albacete), la
cual vio la luz en agosto de 1927 con Salvador
Mollá como presidente, siendo adherida de
inmediato a la FEDA (Federación Española de
Ajedrez, la cual se había fundado sólo unos
meses atrás, el 20 de abril de 1927). La
Federación murciana contaba con 6 clubes
inscritos: Club Golmayo (Murcia), Club Casino
(Águilas), Círculo de Bellas Artes (Murcia),
Peña del Ateneo (Albacete) y Peña del Tiro
Nacional (Murcia). En esos días sólo clubes de
las regiones de Madrid, Barcelona y Valencia
(sólo uno) se habían adherido a la FEDA.
Salvador Mollá acudió a la Asamblea Nacional de
la FEDA que tuvo lugar del 24 al 26 de septiembre
de 1927 en Barcelona. Esta Asamblea se presentaba
tensa, ya que existían importantes discrepancias
entre la FEDA y la FCA (Federación Catalana de
ajedrez). Salvador Mollá intervino en varias
ocasiones buscando posturas que acercaran a ambas
partes, siendo muy aplaudido tras sus
intervenciones, recibiendo un gran reconocimiento
general según la prensa de la época.
Una
gran cita: la Olimpiada de La Haya 1928
El buen hacer de Salvador Mollá tuvo recompensa:
ese mismo año fue nombrado presidente del Comité
de la Selección Nacional. Y la tarea encomendada
se tornó más que interesante, en 1928 se iba a
organizar la Olimpiada de ajedrez en La Haya y el
comité se encargó de escoger los jugadores que
representarían a España en tan importante cita.
La Olimpiada contó con dos competiciones
independientes: un torneo individual (que fue
denominado como Campeonato del mundo amateur) y un
torneo por equipos jugado a 4 tableros con la
posibilidad de tener un suplente. Al frente del
equipo nacional español, como delegado, se
colocó el propio Salvador Mollá, en una nueva
muestra de confianza por parte de la FEDA.
El Comité seleccionó a Manuel Golmayo de la
Torriente, campeón nacional, para representar a
España en la competición individual, lo cual fue
un gran acierto ya que Manuel estuvo realmente
inspirado logrando un gran 4º puesto de 16
participantes (tras conseguir 9'5 en 16 partidas);
el campeonato fue ganado por el holandés Max
Euwe, que años después lograría coronarse
campeón del mundo, con 12 puntos. Pueden
consultar la información del torneo en la
increíble web de OlimpBase: Campeonato
del mundo amateur 1928.
En cuanto al torneo por equipos entre naciones,
España no consiguió desempeñar un buen papel.
En principio se había seleccionado a los
siguientes jugadores: Valentín Marín Llovet,
José Vilardebó Picurena, Ángel Ribera Arnal,
José Aguilera Bernabé y Luis García Cortés.
Todos ellos tenían galones suficientes, ganados a
lo largo de los años, para acudir a la cita,
siendo tal vez Cortés el que más dudas generaba,
aunque sus buenas actuaciones en Cataluña,
región de la que fue campeón en 1923, parecían
credenciales suficentes: Cto.
Cataluña en 1923. Finalmente José
Vilardebó no pudo acudir a La Haya, por lo que
hubo que tomar buscar una solución de urgencia:
Salvador Mollá ocupó su sitio, aunque sólo
llegaría a disputar una partida. Los españoles
lucharon con determinación, pero el nivel del
ajedrez nacional en los años veinte todavía
estaba por debajo del que se exhibía en el resto
de Europa. España ocupó el último lugar, aunque
sus jugadores vivieron una experiencia
inolvidable: Olimpiada
de La Haya 1928.
Salvador Mollá vivió otra experiencia realmente
positiva: como delegado de la expedición
española acudió al Congreso Internacional de la
FIDE, el cual siempre se celebraba en paralelo a
las Olimpiadas y donde se tomaban importantes
decisiones. Todos estos logros no pasaron
desapercibidos en tierras murcianas, donde a su
regreso se le impuso la insignia de oro de la
Federación Murciana de ajedrez y se le obsequió
con un bonito libro que contenía la firma de
todos los donantes.
La confianza en Salvador Mollá se extendió hasta
el importante torneo internacional de Barcelona
1929, en el que intervino como árbitro. A grandes
rasgos esta fue la trayectoria de Salvador Mollá
y Crespo dentro del ajedrez, tal vez breve, pero
intensa. Realmente fue un personaje fundamental en
el desarrollo del ajedrez en la región de Murcia
y, por supuesto, también en el ajedrez nacional.
Por este motivo se merece este pequeño rincón
dedicado en exclusiva para él.
FUENTES:
Diario El Liberal 29.02.1928 y 06.07.1928