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Un
final rebosante de belleza y salpicado por la polémica

( Autor: ©
Javier Cordero Fernández )
Los nombres de Sanz y Ortueta son conocidos a nivel
mundial gracias a un fantástico final ganado por Sanz en
el que abundan las jugadas sorprendentes y brillantes. Este final ha
sido publicado en numerosas ocasiones y ha sido analizado
hasta la saciedad, incluso por algunas de las figuras más
importantes, como Capablanca. Pero en el ajedrez sobran
las palabras cuando se pueden contemplar las jugadas, así
que aquí tienen la parte final de la partida:
De
Ortueta, Martín - Sanz, José
Match
amistoso, Madrid 1933

31...
Txb2 32.Cxb2 c3 33.Txb6 c4 34.Tb4 a5 35.Cxc4 c2 0–1
Durante décadas Sanz ha recibido los más bellos elogios
por su ingenio, pero en los últimos tiempos la sombra de
una duda ha sobrevolado sobre la partida. El motivo de esta
sospecha es la aparición de dos finales prácticamente
idénticos: el primero, jugado en Poznan en 1931, dos años antes de la
partida Ortueta-Sanz, y el segundo, ¡oh sorpresa!, jugado por Karlin ante Almirall en la misma
época en que se jugó el match Ortueta-Sanz. Sin más, veamos
ambos finales:
Tylkowski
- Wojciechowski, Antoni
Poznan
1931

30...Txb2
31.Cxb2 c3 32.Txb6 c4 33.Tb4 a5 34.Cxc4 c2 35.Cxa5 c1=D+
36.Rh2 Dc5 37.Tb2 Dxa5 38.g4 De1 39.g3 h5 40.gxh5 Rh6 0–1
Almirall,
Vicente - Karlin, Ored
Match
amistoso, Madrid 1933

31...Txb2
32.Cxb2 c3 33.Txb6 c4 34.Tb4 a5 0–1
Dos de las partidas se han conservado completas y las
pueden reproducir en el visor:
Oportunamente, las posiciones sólo se diferencian en los
peones del flanco de rey, los cuales no tienen ninguna
incidencia en la
batalla. En los dos primeros casos la forma de llegar a ambas posiciones es
completamente diferente, ya que las partidas
discurren por cauces completamente distintos.
Evidentemente, parece casi imposible que tres partidas
lleguen a tener la misma disposición de piezas en el
flanco de dama (que ya es inusual de por sí) y también
es extraño que en todos los casos se encontrase tan
complicada solución en condiciones de torneo... de hecho,
a mí, personalmente, lo que más me choca es que un final
tan extremadamente complicado se pudiese jugar en partida
viva, más bien parece fruto de un largo y reposado análisis
casero.
Situemos los datos que conocemos. En Mayo de 1933 se
organizó un torneo en Madrid para que los jugadores
locales pudiesen competir con el maestro sueco Ored Karlin,
que se encontraba de gira por España. El torneo fue ganado, brillantemente,
por Vicente Almirall, superando a Karlin por un punto (al que
además consiguió vencer en la partida que les enfrentó). Tras el torneo, Ored Karlin
pidió jugar un match con Almirall, reto que éste aceptó; se reunió una bolsa de 100 ptas para el
duelo, que finalizó en empate (2'5-2'5) con unas únicas
tablas.
Aprovechando la repercusión del evento, también se
inició un match entre Ortueta y Sanz, bajo la apuesta de
125 ptas. De este último match amistoso procede el
inmortal final jugado por Ortueta y Sanz, que corresponde
a la última partida del encuentro... y del match
entre Karlin y Almirall procede el final de Karlin, es
decir, ambos finales se jugaron prácticamente al mismo
tiempo y en el mismo lugar, lo que tal vez represente la pista más fiable
de este enmarañado misterio. No se puede dejar de
mencionar que existe una relación previa entre Sanz y
Karlin: ambos jugadores firmaron unas polémicas tablas en
la última ronda del torneo, resultado que sirvió a Sanz
para alcanzar a Añón en el cuarto puesto. El Marqués de
Casa Alta, cronista de El Sol y árbitro del torneo,
criticó duramente a ambos jugadores insinuando que Karlin
regaló las tablas a su rival en una posición que tenía
completamente ganada. Sanz y el marqués cruzaron varias
acusaciones airadas, pero no podemos juzgar la situación
en profundidad ya que la partida no apareció publicada.
La partida Ortueta-Sanz históricamente se ha datado como
jugada en el Campeonato de Castilla, lo cual es imposible
ya que la primera edición de este campeonato se jugó en
1935, año en que se constituyó la Federación castellana
de ajedrez, y en 1933 ni siquiera se organizó el
Campeonato de Madrid, el cual vio la luz en 1931.

El final entre Ortueta y Sanz fue publicado a las pocas
semanas en dos diarios: Luz y El Sol. Por su parte, el final de Karlin
fue publicado casi un año después, lo hizo el jugador
checo Rudolf
Pitschak el 14 de Abril de 1934 en el diario Tagesbote.
Del final jugado por los dos jugadores polacos no se supo
nada hasta décadas después (los protagonistas de la
partida ya habían fallecido), cuando en un diario de su
país se habló sobre él y se comentó que la posición había
aparecido en un diario de Poznan en los años 30, del cual
no había quedado el más mínimo vestigio... es decir, se
atribuye la autoría a Wojciechowski sin ninguna prueba,
lo que de por sí es altamente sospechoso. Esta última
parece una versión poco verosímil, ya que un final tan
brillante debería haber aparecido en las revistas de la
época, cosa que no ocurrió.
En cuanto a la tercera vía, el hecho de que se publicase el final bajo la autoría de
Karlin, parece indicar que su procedencia está en Madrid
durante las semanas que el maestro sueco permaneció en la
ciudad. ¿Mostró Sanz el final a Karlin? ¿O lo jugó
Karlin y Sanz lo pudo observar? La segunda opción es poco
probable, ya que Karlin era un maestro conocido en Europa
y si hubiese realizado semejantes jugadas la repercusión
hubiese sido enorme. Creo que la principal duda que sobrevuela sobre
esta partida es si el final se jugó verdaderamente en una
partida o si fue un análisis casero, y ahí puede estar
la clave del misterio. Si el autor quería lograr
notoriedad con un final tan bello, se conseguiría, sin
duda, a través de una partida.
Nada se puede asegurar sin pruebas concluyentes, las
cuales brillan por su ausencia. Sólo queda lugar para una
especulación completa. Resulta imposible juzgar a los
jugadores polacos, ya que nos son prácticamente
desconocidos. Sin embargo, sí podemos valorar la forma de
ser de los jugadores españoles: como hemos visto Sanz
tenía un fuerte carácter y una obsesión por demostrar
que no había mejor jugador que él; durante su carrera
tuvo algún comportamiento poco ético durante sus
partidas impulsado por su incontrolable deseo de vencer y su
obstinación por demostrar constantemente que su juego era
superior, lo que demuestra que los remordimientos no
solían acudir a visitarle. Sin embargo, para realizar un plagio como éste
los dos jugadores deberían haber estado de acuerdo, y las crónicas
hablan de Ortueta como el perfecto caballero, una persona
sin tacha, tal y como demostró en alguna ocasión durante
su carrera.
En definitiva, nada concuerda, nada encaja, y es realmente
imposible orientarse con criterio en esta historia y poder
hallar la procedencia de
esta obra de arte y, sobre todo, parece imposible
encontrar nuevos caminos que nos conduzcan a la verdad. Nuestro amigo Joaquim Travesset, trabajador
incansable, escribió y opinó sobre esta historia en uno
de sus artículos:
| Un final
de partida para la polémica |
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